La literatura es, en sí misma...


La tenacidad de existir encuentra en la literatura un ejercicio de sí misma, pues la literatura no existe más que para sí misma. Me resulta difícil pensar en algo que exista nada más que para sí, pero supongo que es la forma en la que muchos creen que funciona Dios. Llevo meses preguntándome para qué sirven los libros más allá de darles a los escritores algo para comer. Creo que he esperado darme una respuesta espiritual, aunque la pretensión puede resultar absurda. Sin embargo podemos rastrear un poco la cadena de sustancias que llevan al libro a existir.

Primero existe el ser humano, luego la consciencia. La consciencia deja como rastro al existir algo que se llama pensamiento, y la sustancia del pensamiento suele ser la escritura.  Desde luego que en la vida practica la literatura no existe para sí misma, pero el mundo podría funcionar perfectamente sin ella. (¿podría hacerlo?)  pero en realidad, las historias funcionan como símbolos y los símbolos crean comunidades y alimentan mitos de pertenencia. A veces nos contamos historias para pertenecer a algún lugar. A veces tenemos en la vida misma una mitología para justificarnos a nosotros mismos, como nación, como individuos, como generación, como especie.

Ello implicaría que sería absurda una de mis más viejas pretensiones,  la idea de una literatura del desarraigo.

¿Puede existir una literatura completamente escéptica? Yo creo que no. La literatura siempre necesita creer en algo pues es una de las formas de la fe. En ultima estancia cree en el futuro o en la simple comunicación. La incredulidad absoluta solo existe en el silencio.Al menos a mí no me basta escribir para mí mismo, pues para ello tengo al pensamiento. Puedo pasar días, meses y años enteros revolcándome en aquel espeso lago de nada que soy yo mismo.

Entonces he mentido en la primera parte cuando dije que la literatura existe para sí misma. Eso no es verdad; existe para ser leída. Si no crees que hay alguien escuchándote al otro lado simplemente guardas silencio. La literatura es un camino, no una meta.

Por lo tanto hay que creer en aquel otro. Hay que creer en su inteligencia y en su bondad, en su empatía y en su perdón. Hay que creer en ese otro para que ese otro crea en mí y en aquello que escribo. Este acto de fe no es fácil para ninguno de los dos. Creo que a veces cierro los ojos y pienso en ese otro que me leerá, en ese otro libre de mi tiempo, con cierta pureza conceptual que a pesar de todo comparte mis heridas y encontrará en mis palabras un alivio a su soledad, pues sufrir en compañía de otro a lo mejor ya no es sufrir.

La literatura entonces es una forma de aliviar la soledad. Y la soledad es el otro residuo que deja el existir.