El otro Jesús.




Y levantándose en medio de la multitud, el otro Jesús dijo a la multitud. 
 
    —La carne, queridos amigos, es la primera restricción— pronunció esto con unas palabras pausadas y cautelosamente pensadas, que parecían provenir de otro mundo—Pero yo no predico la austeridad, aplaudo  el hastío.  No predico la pureza, alabo el desenfreno. No predico la castidad, predico el cansancio. Sólo el límite puede redimirnos; yo he llegado a un límite confuso, repleto de restricciones temporales. Estoy enfermo. Pero no de gravedad.  He viajado en círculos alrededor del mismo mundo. Me siento mareado, todo aún me da vueltas, me siento fastidiado y creo que voy a vomitar.
 
    Y efectivamente, vomitó. 
 
    Los discípulos, ebrios como su maestro de dar vueltas y vueltas alrededor del cosmos, no acudieron en su ayuda. Tan mareados estaban que es posible que apenas y pudiesen mantenerse en pie. Además, sostenían el vino y la cerveza. El día anterior, y como alarde de poder,  el otro Jesús había convertido al mar muerto en un pozo enorme lleno de vino de Gibraltar. 
 
    —No podemos ir más allá de la carne—continuó  el otro Jesús— Somos prisioneros de nuestra materia. Pero la madre, la sabia madre, dotó a todas sus criaturas de receptores. Estos receptores sirven para interpretar lo que existe a nuestro alrededor. La materia coexiste con nosotros, y necesitamos cazarla, evadirla o utilizarla para sobrevivir. 
 
    La muchedumbre estaba plagada de preguntas, pero con un gesto el otro Jesús los acalló. 
 
    —Percibir el exterior es una manera de ser fuera de nosotros. Hasta ahora, la percepción es la única manera de desdoblamiento de la que puedo dar fe. 
 
    Y con voz firme llamó  a su lado a la otra Magdalena. Desnudándola la enseñó a los presentes. 
 
    —La piel está llena de estos receptores, que nos permiten huir de nuestra cárcel, que nos permiten ser fuera de nosotros—mientras hablaba, acariciaba los pechos de la otra Magdalena—en este momento esta mujer siente electricidad en mis caricias y yo siento lo mismo; estamos conectados por nuestra percepción común. Pero la electricidad es mayor ahora gracias a sus miradas ansiosas. Los ojos son los receptores más poderosos y la piel es sensible a su poder. El placer que esta mujer está sintiendo gracias a sus miradas es muy superior al que yo podría ofrecerle en soledad.
 
     La multitud, excitada y dichosa, hizo una ovación.
 
    —Percibir una roca no nos produce placer. La roca, al fin de cuentas, sólo es un cúmulo inerte de materia; no es otro ser. El verdadero placer está en la fusión y modulación de dos o más seres, en percibir a través de otros ese regalo sensorial que es el placer. El placer, hermanos míos, es un regalo de Dios; existe para que presintamos, en nuestra mortalidad minúscula, un fragmento de la inmortalidad de nuestros genes, de nuestra alma. Sólo el placer nos permite ser absolutos, porque absoluto es el placer; hermanos míos, para nosotros nada es más importante que existir en compañía. Por eso os digo; amaos los unos a los otros, como dios os ha amado.  ¿Por qué creen que el sexo es la antesala de la creación de una nueva vida? en el sexo somos uno con Dios, y por eso él nos entrega su más sagrado poder; el de ser cocreador  ¿Por qué dios colocó al placer antes de la creación? no lo haría si fuera algo reprochable. Si el sexo es despreciable la existencia humana también lo es. Pero no, no es así, y todos lo sabemos demasiado bien. Es nuestro deber, porque Dios lo ordena, convertir nuestra existencia en un extenso instante de placer…
 
    Y diciendo esto,  mientras besaba a Magdalena, se desnudó. La multitud hizo lo mismo, y en un abrazo sudoroso y puro, se dedicaron a obedecer a su señor.

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